Blog de la Vocalía de Formación y Cultos de la Hermandad del Señor Resucitado y María Santísima de la Victoria


EVANGELIO DEL DOMINGO
17 noviembre, 2011, 9:32 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

20/11/2011: Domingo Jesucristo, Rey del Universo T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Ez 34, 11-12.15-17; Sal 22, 1-6; 1Co 15, 20-26.28; Mt 25, 31-46

Evangelio: “Se sentará en el trono de su gloria y separará a los unos de los otros”

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha.
“Vengan, benditos de mi padre; tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme”.
Los justos le contestarán entonces:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?”
Y el rey les dirá:
“Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron”.
Entonces dirá también a los de la izquierda:
“Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron”.
Entonces ellos le responderán:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?”
Y él les replicará:
“Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquéllos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”».

COMENTARIO

Dios ha escogido lo débil del mundo, lo que no cuenta, dice San Pablo. Distinguir las manos y los hombros del Señor, el Buen Pastor, Rey de Reyes, compasivo y misericordioso, que cura, sostiene y atiende a sus ovejas, las distingue, las conoce una por una. La ternura de Dios no puede ser un pretexto o una excusa para que nosotros actuemos y vivamos irresponsablemente, anestesiados, insensibles o hartos de los problemas, fríos ante las personas que lo pasan mal. No debemos buscar sólo la tranquilidad de nuestra conciencia, aunque así cumplamos con lo mínimo.

La solemnidad litúrgica de Cristo Rey nos vuelve a situar en la edificación y compromiso personal y comunitario por el Reino de Dios, reino de paz y justicia, reino de compasión y de solidaridad, reino de consuelo y escucha, reino de remangarse sin miedo a contagios ni manchas. Pero si esto no afecta a nuestro estilo de vida con cosas concretas será sólo una ilusión: el control de nuestros gastos, el tiempo que dedicamos a ayudar, escuchar, perdonar, curar, los amigos fracasados que nadie aguanta. Seamos sinceros. La caridad de nuestra vida es lo que mejor habla de nosotros.

Millones de personas llegan a la puerta de nuestra Iglesia, a Cáritas, a Manos Unidas, en multitud de voluntariados y obras benéficas. Nadie que tiene hambre o necesidad acude a las sedes de los partidos políticos, por muy buena que pueda ser su labor. También multitud de organizaciones no religiosas ayudan a los débiles, aun con sus respectivas burocracias y profesionalización de la solidaridad. Pero el cristiano no se acerca al que sufre sólo porque pide cosas, sino por lo que cada persona es: cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, conmigo lo hicisteis. El ser humano tiene día a día muchas tentaciones para desesperarse, dejar de luchar o abandonarse a la suerte de los seductores vicios que el consumismo ya acepta como normales: alcohol, drogas, etc. La muerte se presenta como enemiga de nuestro tiempo y de nuestra felicidad. Por eso, el mundo se empeña en alejarla de la vida diaria, disimulando sus signos o banalizando su vacío. Nunca podremos huir de la pregunta sobre nuestro ser, porque la muerte nos pregunta por cómo estamos viviendo aquí y ahora. Con Jesucristo Rey y Señor del Universo todos hemos vuelto a la vida: Él mismo nos busca (1ª lectura), Él nos resucita (2ª lectura), Él está en los débiles (Evangelio), con Él, nada nos puede faltar (salmo 22).

Nos disponemos a culminar y empezar un nuevo año litúrgico. El tiempo de Dios es siempre presente. Jesús, leyendo al profeta Isaías en la Sinagoga, dice: hoy se cumple esta escritura. Es decir, el tiempo de Dios es siempre ahora, es eterno. Cristo nos llama, nos enseña, nos guía, nos cura, nos envía. ¡Viva Cristo Rey! porque reina vivo y resucitado para que Dios sea todo en todos. El infierno o el cielo, el lado izquierdo y el derecho del juicio: sólo el que entrega su vida la encontrará.

JOSÉ LUIS BELLÓN, SACERDOTE
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EVANGELIO DEL DOMINGO
9 noviembre, 2011, 9:42 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

13/11/2011: Domingo XXXIII T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Pr 31, 10-13.19-20.30-31; Sal 127, 1-5; 1Ts 5, 1-6; Mt 25, 14-30

Evangelio: “Permanezcan en Mí y Yo en ustedes, dice el Señor; el que permanece en Mí da fruto abundante.Aleluya.”

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
«El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un millón, hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco millones y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco millones me dejaste; aquí tienes otros cinco,que con ellos he ganado”.
Su señor le dijo:
“Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos millones y le dijo:
“Señor, dos millones me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”.
Su señor le dijo:
“Te felicito, siervo bueno y fiel.
Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.
Finalmente, se acercó el que había recibido un millón y le dijo:
“Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu millón bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Siervo malo y perezoso Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el millón y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.
Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”».

COMENTARIO

Encontrar el sentido de lo que hacemos y de lo que no. Necesitamos ser y sentirnos integrados en algo o con alguien. Encontrar la respuesta de lo que somos, requiere superar la tentación de aislarse en una fatiga o saturación intelectual o informativa, cerrando los ojos para que otros ciegos nos convenzan de que nuestra vida es una pura suma de casualidades y que nada tenemos que ver en el proyecto del Creador del cielo y de la tierra.

Sin embargo, somos parte de la creación, obra maestra querida y mimada por Dios, la vida no es simplemente una realización o superación de retos y metas personales por muy geniales que sean, sino una vocación: ser y vivir a la vez como hijos, por el Hijo, y como hermanos, en Cristo.

En el fondo, esto es más consecuente con el ansia de verdad, las ilusiones, los proyectos, nuestros sueños: no somos fruto de la pagana suerte, sino del amor infinito de Dios y así nuestra vida es el don más sagrado, el mayor talento que hemos recibido y que no debe malgastarse, antes bien ha de multiplicarse, dar fruto. Pero hemos recibido muchos más talentos. Corren muy malos tiempos también para los asuntos económicos, pero el Evangelio de hoy nos confirma que no hemos de dar el corazón a nuestras riquezas, sino invertir las riquezas con el corazón, pero no por corazonadas, sino por responsabilidad: somos administradores de lo que Dios pone en nuestras manos, en nuestra alma y nuestro cuerpo, en la inteligencia y el razonamiento.

Benedicto XVI, en su mensaje para el equilibrio del sistema financiero mundial, ha aclarado de manera precisa la raíz de una crisis que no es solamente de naturaleza económica y financiera, sino antes de todo, es de tipo moral, además de ideológica. La economía, en efecto –observa el Pontífice– tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento, no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. El Papa ha denunciado, a continuación, el papel desempeñado por el utilitarismo y por el individualismo, así como la responsabilidad de aquellos que lo han asumido y difundido.

Pero Benedicto XVI también ha descubierto y denunciado una nueva ideología, la «ideología de la tecnocracia». No podemos vivir invirtiendo talentos, buscando solo multiplicar beneficios, para comprar lo más caro y lujoso. No podemos servir a Dios y al dinero.

No es cumplir y que me quede como estoy. Y menos aun, cruzar brazos por miedo a perder. Hay que dar fruto, los frutos de los hijos de la Luz, no de las tinieblas. No podemos orar a Dios y vivir como paganos o como si Dios no existiera. No es miedo a rendir cuentas. Es corresponder al amor de Dios con una vocación y forma de vida desde nuestra Fe. Hay muchos tipos de interés y necesidades, pero siempre encontraremos la única rentabilidad fija en el más alto precio de la historia: la sangre de Cristo. Por eso tenemos muchos talentos que devolver.

JOSÉ LUIS BELLÓN, SACERDOTE
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DIA DEL JOVEN
3 noviembre, 2011, 10:53 AM
Archivado en: 1 - FORMACIÓN

El próximo domingo 6 de noviembre se celebra por primera vez a nivel diocesano el Dia del Joven en la Parroquia. En nuestra parroquia lo celebraremos en la Eucaristía de las 13,00horas. También se va a iniciar el Grupo Youcat para jóvenes a partir de 16 años. Nos gustaría veros por allí el domingo. Un abrazo en Cristo Resucitado.

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Enrique Jiménez. Vocal de Formación y Cultos


EVANGELIO DEL DOMINGO
3 noviembre, 2011, 10:18 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

06/11/2011: Domingo XXXII T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Sb 6, 12-16; Sal 62, 2-8; 1Ts 4, 13-18; Mt 25 1-13

Evangelio: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
«El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito:
“¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”
Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras:
“Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”.
Las previsoras les contestaron:
“No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él les respondió:
“Yo les aseguro que no las conozco”.
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora».

COMENTARIO

«Al que llama se le abre, quien busca encuentra». La Liturgia de la Palabra de hoy nos hace volver a casa. El lugar de nacimiento, que nos da serenidad, donde somos verdaderamente libres. Esperamos vivir de una forma feliz y en esta búsqueda descubrimos que muchas veces las cosas que se nos venden con promesas deslumbrantes nos terminan llenando por fuera, pero nos dejan vacíos por dentro; secos en nuestro espíritu, en nuestra alma, y no distinguimos entre lo bueno y lo fácil, entre lo necesario y lo urgente. Aspirar a las cosas que nunca se gastan, según la sabiduría de Dios, como dice hoy el Antiguo Testamento.

Un estilo de vida, una sabiduría que transforma el pensamiento y las acciones: es la luz de Dios, su Santo Espíritu, que busca por todas partes a los que son dignos de su enseñanza. Dios es el primer interesado en que descubramos el sentido de nuestra existencia, nuestra vocación, nuestro destino, hasta nuestra muerte (2ª lectura). En este camino de la existencia, tenemos que ir cargando nuestras reservas de combustible, como el aceite de la parábola: que viene envasado con esperanza, se multiplica con fe y se recarga con caridad. Pero es cierto, necesitamos preparación. El ejemplo de las doncellas ilustra muy bien las posibles actitudes que podemos elegir.

Aunque en el Reino de Dios las posibilidades son iguales, muchos no las aprovechan. Olvidando el aceite, prefieren llenar su vida con otras cosas que les sirven solo para un tiempo. Y aparece el cansancio, el sueño; lo más difícil es continuar y mantenerse, ser fiel en lo fácil tiene valor si se resiste también en lo difícil. Encontramos también la respuesta decidida, sin titubeos ni excusas. Reconociendo, entre tantos gritos que nos quieren persuadir, la voz del Señor, del esposo que llega y nos conoce tal y como somos. Se muestra también el arrepentimiento por no tener suficiente combustible, la llama se tambalea, puede apagarse con el agobio y las prisas, nunca hay tiempo suficiente para avivar la llama.

También surge el egoísmo, los que siempre tienen de sobra y saben que ayudando pierden de lo suyo, por eso se quitan el problema de encima. Por último, aparece también el sentido de quedarse afuera, apartados, llegar tarde y encontrar la puerta cerrada. Indiferentes y espantados, autosuficientes llenos solo de sí mismos, creen que no necesitan a nadie, ni a Dios. Aunque de cuando en cuando, según les interese, llaman a su puerta. Cristo, el esposo, ya está sentado a la mesa, su rostro se ilumina con la luz de las lámparas, los que le han esperado a pesar de tener que luchar igual que todos. Aquellos que velan, no por miedo al día ni la hora, sino porque están deseando encontrarse en casa con Él.

Escuchemos su voz, su Palabra, la luz de su lámpara para nuestros pasos, que vence la oscuridad y las tinieblas. Mirad que estoy llamando la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él (Ap 3, 20).

JOSÉ LUIS BELLÓN, SACERDOTE
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EL PODER DE LA ORACIÓN Y DEL ALIMENTO DIARIO
31 octubre, 2011, 9:11 AM
Archivado en: 1 - FORMACIÓN, 5 - TEMAS Y REFLEXIONES

En estos días que comienzo una nueva andadura en mi vida, la cual no viene al caso, estoy redescubriendo la gran suerte y ayuda que da tanto la Eucaristía diaria, como la oración también diaria. Dan fuerza, ánimos y sobre todo acercan tanto a Dios, que nuestros problemas, preocupaciones y alegrías, al compartirse personalmente con Él son mas llevaderos unos y mucho mas reconfortantes las otras.

Pues si, puede parecer que estas dos cosas son sólo pesadas obligaciones para un sacerdote o una monja, pero no, son necesidades que en el fondo tenemos todos los cristianos y que con la cotidianidad se convierten en una forma de vida que es muy reconfortante.

Hay veces que incluso podemos pensar que la oración no cabe en nuestras vidas porque no necesitamos de Dios, pero no es así, en cuanto a nuestras preocupaciones, Él es evidentemente el mejor apoyo que podemos tener, y en cuanto a nuestras alegrias, ¿con quien mejor compartirlas que el Padre?; además pensad que aunque no necesitemos nada, si hay otros cristianos en el mundo que necesitan de nuestra oración, porque mediante la Eucaristía ejercitamos la común unión de todos los cristianos, y mediante la oración compartimos el dolor universal haciéndolo mas liviano y llevadero.

Como seres humanos comemos todos los días para seguir vivo, ¿porque no alimentarnos diariamente para seguir vivos cristianamente? es nuestro alimento la Eucaristía y como tal deberíamos tomarla a diario para ser mas fuertes y esperanzados en la Resurrección eterna.

Para acompañar esta recomendación, aquí os dejo una web con la liturgia de las horas en las que os podéis apoyar para vuestra intima relación con Dios:

http://www.aciprensa.com/Oracion/laudes.htm

Un abrazo en Cristo Resucitado.

ENRIQUE JIMÉNEZ. VOCAL DE FORMACIÓN Y CULTOS


EVANGELIO DEL DOMINGO
27 octubre, 2011, 9:23 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

30/10/2011: Domingo XXXI T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Ml 1,14b – 2,2b.8 – 10; Sal 130, 1-3; 1Ts 2,7b – 9.13; Mt 23, 1-12

Evangelio
“Los fariseos dicen una cosa y hacen otra”

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.
Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

COMENTARIO

«Al que más se le dio más se le exigirá ». Bien podría ser éste el mensaje de fondo de la Palabra de Dios de este domingo. Estamos delante de una Liturgia de la Palabra sublime; es verdad, dice San Pablo, no es simple palabra de hombres. Dios, que desde siempre establece su alianza con su pueblo, que encuentra su realización perenne y definitiva en el más humilde de los hombres, pues siendo Dios, Cristo se hizo uno de nosotros para que nosotros participemos de su naturaleza divina. Nos hace volver a nuestro ser primero, recobrando la imagen y semejanza deformada por el pecado. La Palabra de Dios despliega su fuerza y potencial, su eterno dinamismo: acogiendo la Palabra, acogemos al Señor (2ª lectura) que permanece operante en nosotros los creyentes, como cabeza del cuerpo, la Iglesia. Y por eso es cierto que hay diversidad de carismas, pero un solo Señor; que hay diversidad de ministerios, pero un solo camino; que hay diversidad de caracteres, de responsabilidades, de habilidades, servicios, misiones y tareas en nuestra comunidad cristiana, pero todo debe estar bajo una sola ley a cumplir, un mandamiento principal (1ª lectura): amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Somos prójimos, somos necesarios unos para otros, somos hijos y hermanos.

Nuestra realización plena será vivir espontáneamente esa corresponsabilidad y cuidado los unos de los otros. La raíz de la humildad no es un sentido ni siquiera altruista, por muy maduro que éste sea, de solidaridad o ayuda. Sino la conciencia de que hay un solo Padre, Maestro y Señor. Él se ha hecho último, y por eso es primero. Servidor a la mesa de la Eucaristía, alimentándonos con su propio cuerpo y sangre. Humillado y traspasado en la condena infame de la crucifixión, es enaltecido para quitar el pecado del mundo. La atención que prestan las lecturas a los ministros de Dios nos debe hacer caer en la cuenta de la necesidad de santidad de nuestra vida. Ser santos no como algo que nos hace renunciar a cosas, sino como lo que nos hace enfrentar todo lo humano, hasta lo más miserable, de la forma más divina posible: con amor. Es el mejor proyecto de vida, que nos libertará del siempre disponible disfraz de guardar las apariencias. Nadie debería pasar por este mundo sin enfrentarse al deber más alto de nuestra felicidad: tratar a los demás como a uno mismo.

Hagamos lo que decimos, pues no es cristiano decir una cosa y hacer otra. O al menos, digamos lo que estamos dispuestos a hacer, lo que de verdad hacemos, ¡que es tanto!, aunque siempre puede ser más. Esto siempre tiene la ventaja de predicar con el ejemplo.

José Luis Bellón, sacerdote
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SE ACABO LA FERIA
24 octubre, 2011, 9:13 AM
Archivado en: 5 - TEMAS Y REFLEXIONES

Quiero dar las gracias a mis compañeros de la Junta por darme la oportunidad, como cada año, de compartir con ellos momentos de trabajo, compañerismo, cariño y sobre todo por hacer lo posible por mi cofradía, también quiero pedirles perdón por todo aquello que halla dejado de hacer, porque lo habrá tenido que hacer otro por mi.

Esto me da pié para dar las gracias a todo aquel cofrade que ha trabajado en la caseta o ha consumido, colaborando así en los proyectos que tenemos entre manos, pero también me da pié a decirle a todo aquel que no ha colaborado, ni con trabajo ni consumiendo, que todo lo que deja de hacer lo tenemos que hacer los demás; y eso no esta bién… recordad que esto es de todos, y todos tenemos que poner de nuestra parte, como la semilla de la parábola del sembrador, dando unos 10, otros 50 y otros 100, todo es válido siempre que venga con cariño. A veces da la sensación que sólo queremos a nuestro Señor Resucitado y su Madre, la Virgen de la Victoria, para sacarlos en procesión, pero no para trabajar por ellos.

Ya se que esto no es una columna de opinión ni un foro de discusión, pero como vocal de formación me veo en la obligación de tocar las conciencias de vez en cuando, sobre todo cuando veo que tanta gente desaparece en los momentos clave y reaparece como el Guadiana cuando la cosa les interesa personalmente.

Un gran amigo mio me decía ayer cuando le comentaba que iba a escribir estas líneas, que posiblemente esto no lo lean ni unos ni otros, pero creo que debía hacerlo. De nuevo gracias a todos aquellos que han puesto de su parte para que la caseta vuelva a salir a delante un año mas. GRACIAS.

Enrique Jiménez. Vocal de formación y cultos.


EVANGELIO DEL DOMINGO
19 octubre, 2011, 9:50 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

23/10/2011: Domingo XXX T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Ex 22, 20-26; Sal 17, 2-4.47.51; 1Ts 1, 5c-10; Mt 22, 34-40

Evangelio:
“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

El les dijo:

«Amarás al Señor tu Dios como todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

COMENTARIO

En la búsqueda de Dios, los cristianos hemos encontrado una persona concreta y viva: el mismísimo Hijo único de Dios, el Señor Jesucristo. Es difícil guardar sólo para sí mismo esta verdad tan radical para la humanidad. Es, por eso, que el anuncio misionero no es sólo un objetivo a cumplir o algo para los países donde la Iglesia tiene aún pocos años de vida o historia, por lo menos si los comparamos con Europa. La misión, que corre de boca en boca (2ª lectura), el secreto a voces, es el misterio eterno de Dios revelado, dado a conocer, con un solo origen, cauce y finalidad: el del amor divino de Dios vivo y verdadero, dice san Pablo a los tesalonicenses.

MERCADOS DEL AMOR

Hay muchos mercados del amor. En nombre del amor hay también esclavitud, negociantes y usureros, que corrompen el amor y dan paso a la injusticia, el sufrimiento, el abuso (1ª lectura). Pero aun hay algo más preocupante: hay personas que han dejado de creer, o incluso dicen que no existe o no necesitan un verdadero amor. En este olvido, confusión o manipulación del amor, la pregunta dirigida a Jesús en el Evangelio está tremendamente presente en nuestra vida actual: ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? Es decir, ¿cuál es el camino para ser felices? ¿Cómo vivir en paz, sabiendo que estamos en lo correcto? ¿Cuál es la voluntad de Dios? Hemos de ver este domingo los ojos de Jesús, que mirando fijamente a los nuestros nos habla de la fuente del amor, del camino para vivirlo y de su máxima plenitud: Dios. Nadie puede amar a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano al que ve. No existe el amor de manuales, no existe el amor sin verdad, sin libertad, sin paz. La frágil pureza del amor es lo que hace que los seres humanos lo deseemos tanto.

No existe el amor sin la persona que es amada, que ama y que da su vida amando. Nadie tiene amor más grande que aquel que da su vida. Por eso, en Jesucristo el Padre nos ha tenido amor, para llamarnos Hijos suyos. Un corazón de hijos y hermanos, que tiene que palpitar y acelerarse cuando aparece delante de nosotros el Señor, en los Sacramentos, en los hermanos y dice: Yo me entrego por vosotros. Cada vez que amamos lo hacemos en memoria suya. Es el sacramento de la caridad, como nos ha escrito en Sacramentum Caritatis, Benedicto XVI: cumplir la ley entera es reconocer con alegría que el Señor se queda entre nosotros, como compañero fiel de camino, y que el Señor nos envía. Hemos sido creados testigos, misioneros de este misterio de amor.

José Luis Bellón, sacerdote
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EVANGELIO DEL DOMINGO
5 octubre, 2011, 8:45 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

Domingo XXVIII T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Is 25, 6-10a; Sal 22, 1-6; Flp 4, 12-14.19-20; Mt 22, 1-14

Evangelio
“Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren”

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran:
“Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda”.
Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las cuales dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?”
Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
“Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”».

COMENTARIO

La Palabra de Dios de este domingo nos sitúa en el siempre agradable encuentro de intimidad, amistad y alegría del banquete; una invitación universal, donde el anfitrión es el mismo Dios. Hay comida y bebida con la abundancia eterna del cielo, que no se agota quitando solo el hambre de lo material, manjares suculentos y vino de solera, sino que llega a saciar y desbordarse en consuelo y esperanza: el Señor Dios enjugará las lágrimas de los rostros (1ª lectura). Es el Dios providente, que está pendiente de todas nuestras necesidades, conforme a su riqueza en Cristo Jesús (2ª lectura), pues: ¿de qué le sirve al ser humano ganar el mundo entero, alcanzando todas las cosas que se consideran imprescindibles para la felicidad, aquellas que nos ha dictado el relativismo disfrazado de consumismo, que nos engaña con la indiferencia, si perdemos nuestra alma, el tesoro innegociable de una vida en gracia de Dios?

Es el día del Señor, el rey celebra la boda de su Hijo (Evangelio). Tenemos en el buzón de la vida una invitación personal, familiar y comunitaria a este banquete sin igual, la Eucaristía. No busquemos excusas para no asistir. Es el tiempo de Dios, para Dios y con Dios, descubriendo el entrañable y verdadero amor de su único Hijo entregando su propio cuerpo y sangre como alianza y perdón de los pecados.

Al reunirnos en asamblea de hermanos, nos sentimos privilegiados de comprobar: aquí está el Señor. Hay tantos que no se sienten escogidos; algunos que escuchan su llamada y hacen oídos sordos y no la distinguen de los que gritan más; otros que incluso han renegado del banquete de la vida y se pierden, deambulando como mendigos en la falta de sentido de su vida; en el vivir como si Dios no existiera, en el ateísmo o en el ataque sistemático a los cristianos.

Pero hay, quizá, algo más triste aun: hay personas y bautizados que, a fuerza de no asistir a la Misa, de no tener trato con Dios y con la Iglesia, están invadidos por mentiras y vicios que arrastran su cuerpo y su alma a la oscuridad: allí será el llanto y el rechinar de dientes, dice el Evangelio. Y mientras, en la casa del Señor hay una fiesta, que alegra el corazón. Dios siempre tiene la mejor barra libre, un sitio para cada Hijo suyo, buenos y malos, nos dice el Evangelio. Siempre es tiempo de vestirnos de gala, despojándonos de los harapos del pecado, siempre es tiempo de volver a comer con Él.

José Luis Bellón, sacerdote
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EVANGELIO DEL DOMINGO
27 septiembre, 2011, 7:53 AM
Archivado en: 3 - EVANGELIO DEL DOMINGO

02/10/2011: Domingo XXVII T. Ordinario. Ciclo A
Lecturas: Is 5, 1-7; Sal 79, 9, 12-16.19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43

Evangelio:
“Alquilará el viñedo a otros viñadores”

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
«Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando:
“A mi hijo lo respetarán”.
Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
“Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”.
Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?»
Ellos le respondieron:
«Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».
Entonces Jesús agregó:
«¿No han leído nunca la Escritura que dice:
“La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?”
Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

COMENTARIO

Con la significativa imagen de la viña, este domingo la Palabra de Dios nos llama a ser conscientes de dónde brota la vitalidad de la vida cristiana, de la Iglesia. La viña es del Señor y nosotros permanecemos injertados y con savia, en el pueblo de Dios ¡Por Cristo, con Él, y en Él! Cuánto esmero y delicadeza del viñador –vemos en la primera lectura–, cuántos desvelos del amo de esta viña sin igual, la que lucha contra el mal, la que anuncia y testimonia con sus palabras y obras que Dios es el origen, guía y meta del universo.

MAL POR BIEN

Pero de nuevo aparece una pregunta ¿por qué el ser humano responde con tanto mal, aun cuando recibe tanto bien? Por el miedo, raíz de la envidia, la preciada viña, por qué no decirlo, es atacada a veces con violencia y manipulación, ladrones y asesinos que en su codicia buscan el engaño y hacen que aquellos a los que Dios ha confiado su viña, vayamos en contra del que la cuida, del amo y de la viña: del Señor, de la Iglesia y de los cristianos.

Buscan que nos olvidemos del cariño, la caridad, la infinita misericordia de Dios, para arrastrarnos al pecado por excelencia de matar al que Dios mismo ha enviado para cuidar de la viña: ¡cuánta entrega! Una viña regada con la sangre de su propio Hijo en la cruz. Y si la tierra se riega, ha de dar fruto. Así lo dice hoy el profeta Isaías, en esa llamada constante de los profetas a permanecer arraigados y fieles en Dios: Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.

Es verdad, se puede expulsar al Hijo de la viña y matarlo para disfrutar egoístamente de los frutos de la tierra. Pero entonces la viña se transforma muy pronto en terreno sin cultivar, pisoteado. Ofrecemos, en el cáliz, el fruto de la vid y del trabajo del hombre, el vino de la Eucaristía, que brota del cuerpo amoroso del Señor en la cruz: es la mejor cosecha de la viña. Si somos fieles a Él y como Él, podremos nosotros entregar los frutos a su tiempo. Y el tiempo de Dios es siempre ahora.

Rafael Vázquez Jiménez, sacerdote
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